Textos Seleccionados

12 08 2008
 
“Breve recurso retórico para la comprensión del origen y lo originario como un preciado tesoro”[1]

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Después de casi 200 años de vida republicana e independiente nuestro país tiene aún la tarea pendiente de aprender a reconocernos en una identidad común, en una identidad compartida, en la cual se integren dinámicamente paisaje natural, ciudadano y humano. Pues aún no aprendemos a valorar, como apreciados tesoros, los paisajes que constituyen a nuestra geografía, a nuestras ciudades y a nuestra gente. Particularmente tenemos una enorme deuda pendiente con nuestros pueblos originarios y en general con nuestras raíces ancestrales. Tal vez nuestra mirada anonadada y extraviada en los resplandores de la Metrópoli, nos haya hecho perder la posibilidad de aprender a ver y a valorar la bondad y belleza de lo propio. Por tanto, estas reflexiones y estas reflexiones tienen como primer objetivo documentar y exhibir ante el campo, la ciudad y el mundo, todos aquellos paisajes naturales, ciudadanos y humanos que son configuradores de nuestra identidad como país, y que a la vez, son los más preciados tesoros que configuran a esa casa nuestra de todos, que llamamos Chile. Se trata entonces, de integrar a través de múltiples y variadas perspectivas, paisaje natural y cultural en una armónica danza vital configuradora de lo mejor de lo nuestro, de lo de todos, configuradora de todos aquellos tesoros de Chile (entre ellos nuestros pueblos originarios) que hoy nos hacen sentirnos orgullosos de que este país sea nuestro hogar. Un hogar bueno, digno y bello para nuestros ciudadanos y un hogar que es digno de ser visitado por el amigo que es forastero.

Por último, estas reflexiones quieren contribuir a configurar el carácter festivo que debe tener esta celebración de lo nuestro, de lo propio. Queremos recrear a través de la palabra, la alegría de vivir en este hermoso país, el cual a través de sus paisajes, sus pueblos originarios, sus trabajadores, sus fiestas y de la elaboración de deliciosos brebajes canta y baila a la madre tierra que le regala la vida.

“Cantando y bailando, el hom­bre se siente miembro de una comunidad superior: ya se ha olvidado de andar y de hablar, y está a punto de volar por los aires, danzando. Sus gestos delatan una encantadora beatitud. Del mismo modo que ahora los animales hablan y la tierra produce leche y miel, también la voz del hombre resuena como algo sobrenatural: el hombre se siente dios; su actitud es tan noble y plena de éxtasis, como las de los dioses que ha visto en sus ensueños. El hombre no es ya un artista, es una obra de arte: el poder estético de la naturaleza entera, por la más alta beatitud y la más noble satisfacción de la unidad primordial, se revela aquí bajo el estremecimiento de la embriaguez.

Embriaguez originaria de nuestros pueblos indígenas en los alihuenes que conquistadores, criollos y chilenos no han comprendido. Por tanto, esta embriaguez debe ser el símbolo de una celebración del encuentro y reconciliación de la pluralidad de paisajes naturales, ciudadanos y humanos que configuran a nuestros pueblos. Creemos firmemente en el poder del diálogo y de la palabra como catalizador que reúne, integra y reconcilia, aquello que por décadas ha estado separado, escindido, excluido, a saber nuestra pluralidad de identidades que comparten una historia y un espacio común. Por tanto, estas reflexiones tienen como objetivo concomitante, ayudar a construir un vínculo de solidaridad social, política y cultural, a través del cual podamos visualizar que estos paisajes y estos pueblos, esta pluralidad de tradiciones son de todos, pues ellos y ellas configuran nuestro hogar. Y que, por tanto, queremos y anhelamos celebrar en la plaza pública, la reconciliación con esta unidad.


[1]Paráfrasis del la editorial de mi autoría para la película Tesoros de Chile:Naturaleza Ciudad y Gente como Archivo Audiovisual de una Identidad Escondida” (Tesoros de Chile)
http://robertomardones.wordpress.com/
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